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Las Marcas
Pobre mi hermanita, debe de sentirse sola y triste encerrada en ese psiquiátrico. Pero me era imposible convivir con ella. Aunque le pagara a alguien
para que la cuidara los médicos me dijeron que podía ser peligroso, porque a las personas que estaban en su estado les daban ataques piromaníacos y otras tantas cosas terribles de las cuales no tenían la menor consciencia. Pobre, con su bata blanca rodeada de gente mucho peor que ella. Había días en que me resultaba fastidioso ir a visitarla, aunque solo iba una vez por semana, pero cuando ya estaba ahí llegaba a sentir lo que podría
decirse un alivio. Si, un alivio de no verla tan triste (tal vez no se daba cuenta en su estado), de verla nutrida, de verla bien cuidada y aseada. Hasta podría decirse que sus desvaríos me gustaban, me divertían, aunque si bien cuando llegara al departamento los recordaría y me parecerían aburridos, siempre hablando de lo mismo, de que se murió fulano o sultano, o ella misma.
Cuando la visité ayer luego de toda la ceremonia que se cumplía los miércoles por la mañana en que me quedaba en la cama con la esperanza de quedarme dormido, como una excusa de mi olvido de visitarla, de igualmente levantarme, desayunar rápido y en el auto sentir una especie de culpa por esa excusa estúpida y que en realidad era
sólo para no sentirme tan culpable, la encontré totalmente despierta y bien despejada a pesar de lo temprano del día.
Me atacó diciendo directamente que mamá había muerto una vez más ayer por la tarde.
Sus desvaríos siempre eran iguales, según ella no moríamos una vez, sino que moríamos varias veces hasta que un día no despertábamos más (tal vez no se daba cuenta en su estado), porque en sus delirios existía también una suerte de reencarnación. Pero meterse con nuestra madre, que en paz descanse, que ya había muerto hace cinco años me disgustaba mucho, y no era la primera vez que lo decía. Los médicos me aconsejaron "sígale la corriente", pero con mamá... Una vez me enojé mucho porque la mató tres veces en un mes y a la tercera le dije que no, que mamá ya había muerto hace tiempo y no resucitaba un cuerno, entonces le agarró un ataque de histeria muy fuerte y desde ese día aunque no me gustara tenía que morderme la lengua. En ese momento vino el enfermero para traerle el desayuno, me dejaban ayudarla a desayunar, y me
confió como que desde que había vuelto del más allá el enfermero estaba más guapo.
Parte de la ceremonia era hablar con el director de la clínica para que a mi hermana no le faltara nada y después irme al bar de enfrente y tomar un café con dos medialunas. Ya
en el bar pensaba en las tareas del día, en ir a los negocios y ver como andaban las cosas, y mil asuntos más como todo el mundo.
Creo que mi hermana no está tan errada porque yo a veces pienso también que la gente no es siempre la misma, yo no soy todos los días la misma persona, estoy más viejo, más barbudo o simplemente tengo un carácter diferente al del día anterior.
Esto lo podría aplicar a todas las cosas y a todas las personas pero de ninguna manera voy a pensar que se murieron y mucho menos que resucitaron, eso es cosa de locos, de locos...
Decidí tomarme unas vacaciones en Holanda, para despejarme de la temporada de ventas bajas en los negocios y del divorcio de mi esposa. Esos dos meses fueron terribles, porque la emoción del viaje no tapaba mis problemas y pensaba en mi hermana Rita que creía que me iba a tomar un mes simplemente y en realidad tendría que haberle dicho que no sabía cuando volvería (tal vez no se daría cuenta en su estado). Pero tenía que escaparme de todo, de no estar atado a los números del restaurante, ni de la relojería, ni de mi ex-esposa, ni de la tenencia de los chicos, ni de Rita. Igualmente estando en Holanda era lo mismo, me telefoneaba el abogado de mi ex, debía llamar a los encargados, a mi socio, al director y encima el conserje del hotel me saluda todos los días con mi apellido y yo por dentro quería pegarle, porque no era el mismo de ayer, ese día había dormido más o tenía ganas de ir a un museo o simplemente estaba veinticuatro horas más viejo. No entiendo como nadie se da cuenta de eso, y el última día de mi estadía cuando maldito conserje me dijo "Adiós señor Lugones esperamos que regrese pronto" le conteste diciéndole que yo no era el señor Lugones y me
fui. Me gustaría haberle visto la cara y cómo habrá corrido tras el mostrador a fijarse en su computadora que efectivamente yo soy Lugones y al muy tonto ni siquiera se le cruzará por la cabeza pensar que sí era Lugones pero no el Lugones de ayer ni el de hace dos meses, era el Lugones de hoy.
El primer miércoles de visita no fui a ver a Rita. Me sentí muy mal, por eso a la próxima visita llegué antes que nadie. Cuando vi a mi hermana con una gran sonrisa me sentí mejor, no hablamos del viaje (tal vez no se daba cuenta en su estado). Mientras le daba el desayuno la miraba, miraba su pelo, su bata blanca y le dije:
-Desde tu muerte hace cuatro días cambio mucho tu aspecto. Te veo más joven.
-¿Sí? No sabía... - Claro que va a saber si no tiene espejos... y tal vez en su estado no se diera cuenta.
Alejandro Santa Cruz
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