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Labor de surcos paralelos que se hace con el arado

Primer surco que se abre en la tierra cuando se empieza a arar.

 

Don Demetrio

El viento norte soplaba con insistencia sobre la sequedad del campo. El polvo que levantaba, aumentaba la sensaciòn de calor que rondaría por los cincuenta grados..

La sequía mostraba sus dientes a las famélicas plantas quebradas por la falta de agua. El viento como un fantasma de fuego, atormentaba a todos los seres y las cosas.

Dentro del rancho, rodeado de su mujer y sus hijos, estaba Don Demetrio.  En su rostro surcado por las arrugas que el tiempo había dibujado en su andar despiadado, parecían ríos que iban a confluir en las verdes aguas de sus ojos. Su mirada estaba fija como mirando hacia el infinito, al campo, su campo, ese que ahora era diezmado por la sequía. No, no era la primera vez, muchas veces tuvo que aguantarla. En forma diametral había soportado las inundaciones. El río, seco ahora crecía en forma impetuosa cuando allá,  en las sierras el deshielo o las lluvias continuas se descargaban en aquella lejana zona. Aquí no llovía seguido, se necesitaba mucha lluvia ahora. La tierra parecía rogar por una precipitación. Cada cosecha mala era una arruga más en esa cara, la tierra se resistía a ser laborada, pero él con más ahínco seguía .

 Cuando llegó al lugar era todo monte, sacó  las alimañas cardos y tucas hasta dejarlo limpio .A pesar de sus manos ensangrentadas, no cejó un momento  hasta poder arar y sembrar, la tierra se resistía pero  la domó, consiguió su primera cosecha, magra, pero le sirvió para encarar otra. Y así cada año, una sequía o inundación no le arredaban siempre firme obstinado. Con sus hijos ya grandes se hizo más llevadero el trabajo pero la lucha seguía, ahora hacia dos meses que no llovía  y el viento norte seguía quemando el entorno.

El silencio dentro del rancho era profundo nadie se movía. Lo habían encontrado caído en el surco reseco, lo entraron, la mirada fija de sus ojos parecía querer comunicarles algo.¿El tiempo se había acabado? ¿Seguirían luchando?

  El hijo mayor miró a su madre que hizo un gesto asintiendo con la cabeza, el muchacho puso los dedos sobre los párpados y los cerró.

 

 

              Leopoldo Melo              

 

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